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Presentación

 

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Foto: Archivo fotográfico, PUEC-UNAM.

 

La actualización del Plan Integral de Manejo del Centro Histórico de la Ciudad de México para el periodo 2017- 2022 será el principal instrumento de gestión, conservación y gobernanza del corazón fundacional de la Zona Metropolitana del Valle de México. Este esfuerzo es coordinado por la Autoridad del Centro Histórico de la CDMX, que es el organismo rector de las políticas públicas y de las acciones de gobierno en el Sitio del Patrimonio Mundial más extenso y complejo del planeta.

La Oficina de la UNESCO - México y el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la Universidad Nacional Autónoma de México (PUEC - UNAM) se han sumado a esta tarea para aportar un trabajo de acompañamiento técnico y recomendaciones basadas en el marco del derecho internacional comparado, en el conjunto de experiencias que han sido producidas por la aplicación de las Directrices Prácticas de la Convención del Patrimonio Mundial de 1972  y de la Recomendación sobre el Paisaje Urbano Histórico  , y en la elaboración de un estudio para evaluar la situación actual y diseñar las acciones y programas estratégicos para un modelo de gestión orientado a darle continuidad a revertir el deterioro, promover su conservación y el desarrollo sustentable.

La actual política de gestión del Centro Histórico de la Ciudad de México (CHCDMX) tiene un conjunto de antecedentes que parten de un paulatino proceso de valoración de este polígono como zona histórica y patrimonial iniciado apenas a partir de la segunda mitad del siglo XX. Fue en el marco de la acelerada expansión territorial y demográfica de la Ciudad de México, ocurrida a partir de la década de 1960, que se comenzó a advertir el impacto del desarrollo urbano y económico de la futura megalópolis en las calles, los espacios públicos, la vida urbana, los edificios, los monumentos y las vecindades del territorio que durante más de seis siglos (que parten de la fundación de Tenochtitlán a la ciudad moderna de finales del siglo XIX), fue prácticamente toda la ciudad.

 

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Foto: “Templo Mayor, 1978”. Tomada de http://www.latinamericanstudies.org

 

De cara a la Olimpiadas de 1968 y tras un inicial debate académico, impulsado dentro del gobierno nacional y del ámbito intelectual por el sociólogo José Iturriaga, se tejieron las primeras ideas de rehabilitación y protección de la ciudad histórica, ello incluyó algunas intervenciones físicas en unos cuantos corredores cercanos a la Plaza del Zócalo. El hallazgo de los vestigios del Templo Mayor de Tenochtitlán, una década más tarde, en 1978, reactivó el interés público sobre la importancia del casco histórico de la Ciudad de México. Se imaginaron planes de intervención integral (sin que se llevaran a cabo, salvo en una pequeña medida) y surgió una renovada atención a las condiciones físicas del entorno. Lo más relevante de este periodo fue la expedición del Decreto presidencial de 1980  que creó la Zona de Monumentos Históricos denominada Centro Histórico de la Ciudad de México.

En dicho instrumento se establece un polígono protegido con base en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Históricos y Artísticos que coincide con el inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial y el Área de Conservación Patrimonial en la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal. Este polígono consta de dos perímetros (A, la zona núcleo y B, como zona de amortiguamiento) que en total abarcan un área de 10 km2, 770 manzanas, 1,623 edificios declarados monumentos por INAH, por su valor histórico, 1,597 inmuebles catalogados por INBA, por su valor artístico y 2,988 inmuebles catalogados por SEDUVI por su relevancia urbano-arquitectónica.

En la actualidad, de los 9,362 edificios existentes en el Centro Histórico de la CDMX, 3,504 se encuentran protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y/o por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI). Todos ellos forman parte del paisaje urbano histórico que funda el valor universal excepcional”, que, a su vez, sustenta su calidad de Patrimonio Mundial por su autenticidad e integridad.

 

Foto: “Centro Histórico, después del terremoto de 1985”. Archivo MAF, Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

 

Un hecho que sin duda afectó severamente la habitabilidad del Centro Histórico fue el terremoto de 1985, al derrumbarse o dañarse cientos de viejos edificios de vivienda precaria. Esto se sumó a décadas de abandono y deterioro que dieron como resultado la disminución del número de habitantes, del uso de los inmuebles y de la actividad económica de la vieja ciudad. Para impulsar su protección, en 1987 el Estado mexicano promovió ante la UNESCO el reconocimiento del Centro Histórico como sitio Patrimonio de la Humanidad. Esto se logró en 11 de diciembre de ese año, al aprobarse la inscripción conjunta de la Antigua Ciudad de México y la zona lacustre de Xochimilco en la Lista del Patrimonio Mundial.

Una de las primeras acciones realizadas tras la declaratoria, en un contexto de creciente preocupación sobre la conservación del Centro Histórico, fue la creación, en 1990, del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México (FCH) que en un principio fue un organismo privado encargado de reunir fondos, promover campañas de cuidado del paisaje y desarrollar algunas intervenciones puntuales de rehabilitación. El proceso de democratización política de la Ciudad, con la elección por primera vez del Gobierno del entonces Distrito Federal en 1997, colocó la recuperación del Centro Histórico como un tema prioritario dentro agenda política y social de la ciudad; sin embargo, una prolongada crisis económica de casi 15 años y el cambio en la estructura política de la ciudad, habían propiciado que el comercio ambulante desbordara gran parte de las calles que conformaban la Zona de Monumentos Históricos. Este fenómeno provocó que el deterioro y la degradación social se volvieran imparables y otros problemas se tornaran indetectables e inatendibles.